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La historia prohibida de Louis Pasteur


Pasteur se encuentra en el origen de la gran industria farmacéutica mundial, que hoy se ha vuelto el principal fabricante de vacunas. Resulta obvio que la locura por la gran "aventura de la vacunación" es claramente mercantil, ya que las vacunas son una fuente de ingresos fabulosos. Y esto tiene como base y fundamente la siguiente premisa: la enfermedad viene del exterior.


Apenas salidos del oscurantismo religioso condenado por los iluministas, nos hemos precipitado en un oscurantismo cientificista cuyo principal error consiste en ignorar su ignorancia. El pasteurismo, como el darwinismo, son menos teorías científicas que movimientos, corrientes de pensamiento ingenierizadas, estrechamente dependientes del contexto histórico en el cual surgieron. Hoy, a la luz de un escrutinio riguroso y bajo el verdadero método científico de cada vez más detractores, dentro y fuera de la comunidad científica, estas teorías se revelan como grotescas estafas intelectuales, como cuentos de hadas para adultos.


Todo el mundo conoce a Louis Pasteur, o cree conocerlo. Ningún hombre de ciencia ha recibido tantos honores, tanto en vida como de forma póstuma. Le fueron dedicadas miles de calles; sellos postales y billetes de banco han llevado y aún llevan su efigie, como medallones y piadosas imágenes distribuidas en las escuelas... ¡laicas!


La concepción que surge del ser humano en el siglo XIX, de Darwin y Pasteur, es el de una máquina, compleja obviamente, pero que basta con diseccionar para conocer sus mecanismos. La causa de las enfermedades, de todas las enfermedades, ya no se encuentra en el interior del alma humana, sino alrededor nuestro, en el aire que respiramos, en el agua que bebemos y en la comida que ingerimos.


El sabio que antes estaba empapado de filosofía y metafísica, se ha convertido en mecánico sin escrúpulos, seguro de su diagnóstico, inventor de una infinidad de drogas destinadas a hacer desaparecer los síntomas y malestares de la anónima máquina humana. Estos remedios estandarizados, producidos para enfermos estandarizados, serán un motor de la economía durante la revolución industrial, y lo son aún más hoy en día.  Pasteur, históricamente, será el inventor de la "vulgarización" de la ciencia y del marketing médico, el primero en utilizar a los medios y la propaganda para difundir ampliamente sus métodos empíricos insuficientemente probados. Estas técnicas comerciales serán sistematizadas con gran éxito para los industriales que explotan la imagen carismática de su fundador desde 1888.


Pasteur hoy es un logo super poderoso que acciona de forma inconsciente, en el plano emocional, en las mentes sometidas por el miedo a la enfermedad y la muerte. Cada conmemoración es una gigantesca campaña de publicidad para una de las multinacionales más prósperas del mundo. ¿Qué sucedería si su imagen se viera manchada?


Ahora vamos a introducir a otro personaje científico muy importante de la época: Antoine Béchamp. Quien fuera borrado y completamente olvidado por los biógrafos e historiadores. En 1854, cuando Pasteur llega a la Ciudad de Lille, con apenas 32 años, habiendo ejercido como profesor de un colegio, Béchamp, muestra a la comunidad científica que los fermentos se debían a los organismos vivos microscópicos transportados en el aire. En 1855 se lo comunica a la Academia de Ciencias, mientras que Pasteur lo hace con los fermentos lácteos en 1857, y no publica su trabajo sobre la fermentación alcohólica hasta 1860 (algo que ya había sido descrito por otros con anterioridad).


La negación de Pasteur sobre una "generación espontánea" a partir de la materia inerte era justificada, pero eso lo ha llevado a negar de plano toda posibilidad de transformación de la materia orgánica, y a conceptualizar la falsa teoría del monomorfismo. Esta teoría del monomorfismo ya fue suficientemente refutada y rechazada por muchos científicos. El Profesor Jules Tissot en 1946 escribe: "desde hace tres cuartos de siglo, dogmas falsos, introducidos en la ciencia por Pasteur, y que podemos calificar de catastróficos, han frenado el avance de la bacteriología..." Estos cuatro dogmas serán: la panspermia atmosférica, la asepsia de los organismos vivos, el contagio y el monomorfismo.


En cuanto al contagio, podemos considerarlo como un proceso infantil de imitación, decía Rudolf Steiner, que sólo afecta a los seres que tienen una vulnerabilidad en común, las mismas carencias, los mismos conflictos, los mismos miedos... Para Béchamp, en cambio, la enfermedad activa el microbio. Ya desde esta época y en adelante otros científicos (cuestionadores de los dogmas impuestos) darán otra interpretación de los hechos.


Formidable para las relaciones públicas, Pasteur se codea con personalidades de las más altas esferas de la política y la economía francesas, acercándose cual cortesano al emperador Napoleón III y a la emperatriz. En 1865, se avoca al estudio de las enfermedades de los gusanos de la seda, y hace suyos descubrimientos que el propio Béchamp ya había anunciado, ignorando y plagiando totalmente el trabajo de su colega al que conocía (y seguía) muy bien.


A los 46 años de edad Pasteur desarrolla una hemiplejia, que irá agravándose cada vez más hasta el final de su vida. Algo que debe llamarnos la atención. Para cualquiera que conozca sobre esta patología, sabe muy bien la cantidad de trastornos tanto físicos como psíquicos que esto conlleva. Resulta muy llamativo que la mayor parte de su investigación conocida, que tiene que ver con la investigación sobre los microorganismos "responsables" de las enfermedades humanas y animales (que recién comienza en 1877) haya sido realizada en tales condiciones. Claro que para esa altura él ya contaba con un equipo de trabajo, y su figura atraía fondos para financiar sus investigaciones. Sobre la idea del contagio, podemos decir que el verdadero precursor de este desatino científico no fue Pasteur, sino que es atribuido al médico italiano Girolamo Fracastoro del siglo XVI, quien estima que las enfermedades infecciosas se transmiten por micropartículas que llama "seminaria contagionis". Otra plagio de Pasteur: se arroga la "invención" de la asepsia médica, pasando por alto el trabajo de su contemporáneo húngaro, Semmelweis, quien ya muchos años antes había divulgado sus conceptos y prácticas de asepsia médica en cirugía.


Muy tardíamente, ya en sus últimos años, convaleciente, Pasteur comienza a reconocer que su contemporáneo y “contrincante”, Béchamp, tenía razón sobre la noción del terreno. ¿Por qué no mejor, entonces, no cultivar la salud preventiva, a través de la higiene, y de una mejor calidad de vida en lugar de debilitarla con inoculaciones? A los sesenta años de edad, Pasteur admite que sus conceptos no están de acuerdo con los hechos. Tiene que volver atrás sobre sus dogmas y reconocer el transformismo o pleomorfismo que planteaba Béchamp, que antes rechazaba categóricamente, y admitir que el germen puede cambiar de forma o de función según las condiciones del terreno. Por supuesto, que esta parte de la historia no es la que se cuenta y se difunde en los manuales... Es más, el honesto científico Antoine Béchamp ni siquiera figura en los manuales de formación en carreras universitarias, no sólo de medicina, sino de... ¡biología!


Como era su costumbre, Pasteur se "apoya" sobre trabajos anteriores. En este caso, del veterinario Galtier que, desde 1879, plantea que la rabia sólo era peligrosa cuando el germen penetraba en los centros nerviosos. Aquí comienza una historia escabrosa, criminal y cruel: las inoculaciones experimentales de Pasteur. 


Primero, Pasteur le propone al emperador Pedro II de Brasil comenzar a experimentar sus inyecciones con los condenados a muerte. Algo que no sucede. Entonces, comienza a experimentar en Francia. En 1885, inyecta su "vacuna" contra la rabia a un niño de once años que había sido mordido (presumiblemente con rabia. ¡Presumiblemente!). El niño muere al día siguiente. En julio de 1885, luego de varias muertes seguidas a sus inyecciones (por la rabia, claro...), inocula a un niño de nueve años que ¡sobrevive! El célebre Joseph Meister. ¡Un milagro!


Así, cuando logra que un par de niños sobrevivan a sus inyecciones, le comunica a la Academia de Ciencias que ya tenía su vacuna contra la rabia. Un año después de sus primeros ensayos ya había "tratado" a unas 1700 personas mordidas por perros. Muchas de esas personas murieron poco tiempo después de sus inyecciones (siempre por la rabia, por supuesto). Pasteur es acusado de homicidio por imprudencia, pero sus poderosas influencias logran absolverlo, sin más. Algunos meses más tarde, Pasteur ya proyecta su Instituto internacional, un "establecimiento vacunatorio contra la rabia". Luego, reconocido de utilidad pública, el Instituto queda bajo la tutela del Ministerio. Louis Pasteur se convierte así en el primer científico en el mundo que se convierte en empresa.


En 1895 muere Pasteur y se realiza su funeral con todos los honores de un héroe nacional, de proyección mundial.


Resulta incomprensible que Béchamp posteriormente haya sido absolutamente ignorado de la forma en que lo fue, por la ciencia y por la historia. ¿No será, simplemente, porque Béchamp da miedo? ¿Porque le da jaque mate al dogma y hace tambalear el paradigma que se beneficia de un monstruoso montaje económico y político? Quien se atreva a responder estas preguntas, deberá considerar la posibilidad de permitirse cuestionar lo aparentemente obvio y evidente.


Bilbiografía:


  1. "Pour en finir avec Pasteur", Dr. Eric Ancélet, 2022.

  2. The Private Science of Louis Pasteur, Gerald L. Geison, Universidad de Princeton, 1943.

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