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Sobre la naturaleza del choque biológico o DHS


Toda enfermedad cancerosa comienza por un D.H.S., es decir, por un choque extremadamente brutal, agudo y dramático, que toma al individuo a contrapié, en el sentido que no estaba preparado, y lo deja en una total impotencia ante su miedo.


Frecuentemente, el sufrimiento causado por el choque es vivido en aislamiento y percibido por el paciente como el más grave que le haya tocado vivir. Este evento de tipo “choque” concierne, ya sea, a los seres y/o a las cosas que tiene como más preciadas la persona que se enfrenta a éste (el orden de las palabras no es indistinto), o bien, constituye una amenaza vital. Para una cierta cantidad de casos, el evento de tipo “choque” puede reunir estas dos características.


Es el tenor subjetivo del choque, la manera, incluso el lugar del cuerpo en donde el paciente ha “sentido” consciente, o inconscientemente, en el instante del D.H.S. el que determina:


  • Los focos de Hamer, es decir, las áreas cerebrales específicas que bajo el embate del choque psíquico son el punto de partida de la enfermedad en los niveles orgánico y/o cerebral. No hay que perder de vista que durante un choque dramático, varias sensaciones coexisten, y constituyen cuáles son las facetas del conflicto. Varios focos de Hamer son entonces detectables en varias áreas cerebrales. Las diferentes facetas del conflicto corresponden a lo que el Doctor Hamer ha llamado: “los raíles del conflicto”. Volveremos sobre esto posteriormente.


  • La localización del cáncer en los órganos, más precisamente, los tejidos en concordancia con las áreas cerebrales.


Desde el instante del D.H.S. hay una evolución sincrónica, precisa y constante entre la evolución del conflicto a nivel psíquico y aquella del cáncer a doble nivel, cerebral y orgánico.


En varios sitios de la obra titulada en francés “Fondement d’une Médecine Nouvelle”, el Doctor Hamer escribe: “La idea de que prácticamente todas las enfermedades, y no solamente las enfermedades cancerosas, no son fortuitas, ni accidentales, sino la expresión y el efecto de un programa ordenador bien específico, ya está inscrita en la tesis de doctorado de tercer ciclo que presenté en septiembre de 1981, antes del descubrimiento de los focos de Hamer en 1983. 


El término D.H.S. o “Dirk Hamer Syndrome”, que algunos ya se han apropiado bajo la terminología de “Deep High Stress”, es empleada por el Doctor Hamer para designar las consecuencias de un choque sobre nuestro estado de salud, en recuerdo del homicidio del cual fue víctima su hijo, tras el cual, él y su esposa desarrollaron un cáncer.


El Doctor Hamer, quien ha igualmente transitado varios años de enseñanza universitaria en física, utiliza el término de “ley” en el mismo sentido en que se utiliza en esta ciencia, si bien precisa en varios sitios de sus diferentes escritos que sus descubrimientos son empíricos. Esta ley ha sido verificada y estudiada por el Doctor Hamer en casi la totalidad de las enfermedades, excepto, principalmente, en aquellas resultantes de la acción de tóxicos o de agentes físicos que actúan por el efecto de masa y las enfermedades derivadas de carencias alimentarias graves. Para estas últimas patologías, sin embargo, no hay que perder de vista que las descripciones que de ellas se hacen se limitan sólo a los llamados criterios objetivos, es decir, a aquellos que podemos cuantificar. A pesar de estas descripciones precisas y exhaustivas, no se tiene para nada en cuenta el rol circunstancial de lo emocional y del psiquismo. 


De hecho, en experimentación animal, están lejos de considerar la influencia inevitable de los “códigos psíquicos de comportamiento” de los animales de laboratorio en los resultados que observan.


Parecen estar clavados a la “unipolaridad orgánica” como la única realidad constituyente y cuantificable de los animales. Éstos sólo existirían, entonces, como “conjuntos de constituyentes bioquímicos, así como de órganos o de tejidos más o menos complejos”. En consecuencia, estamos todavía muy cerca de las hipótesis de Claude Bernard en esta área. O sea, cualquiera sea nuestro estado psíquico y neurovegetativo, la toxicidad de sustancia tales como el cianuro, el arsénico, el monóxido de carbono, la cicuta, y otras, producirán, sin ninguna duda, los mismos efectos previsibles sobre cada uno de nosotros o sobre cualquier animal. Dicho esto, tomar casos extremos a título de “argumentos de peso” no prueba nada, y nunca ha permitido, fuera de un contexto polémico y no científico, refutar otra realidad en cualquier otro campo. En este sentido, una cierta cantidad de experiencias citadas por el Doctor R.G. Hamer, especialmente en su obra titulada en francés “Quintessence”, son de tal naturaleza que suscitan una reflexión más que necesaria.


De este modo, la experiencia llevada a cabo en 1977 por W. Dontenwill et al. sobre dos grupos de hamsters dorados expuestos, de forma prolongada, a importantes concentraciones de humo de cigarrillos, llevó a la sorprendente constatación de que no solamente los hamsters del grupo expuesto no desarrollaron cáncer de pulmón, sino que además vivieron más tiempo que los del grupo no expuesto. El Dr. R.G. Hamer propuso la siguiente explicación: en su medio natural, el hámster dorado no es importunado por el humo, ya que vive bajo tierra, en áreas subterráneas, contrariamente al ratón y la rata. Estos últimos tienen un olfato muy agudo para detectar el humo y un código de pánico innato al peligro de incendio (estos animales expuestos de esta forma en laboratorio quedan entonces en inhibición de acción). Y es por esto que, a menudo, abandonan los lugares antes de que el humano haya podido percibir el fuego.


Otro ejemplo de esto es el de la anilina, que realmente provoca papilomas, sobre todo de vías urinarias, las cuales terminan por “degenerar” en cáncer (este ejemplo es también expuesto en la obra “Quintessence”). Podemos fácilmente comprender que, bajo las mismas condiciones, los animales de laboratorio expuestos de esta manera ya no podrán marcar su territorio, y estarán en la imposibilidad de eliminar este producto que no forma parte de su entorno natural. Esto terminará en un cáncer de vejiga (conflicto de no poder eliminar algo sucio y conflictos de marcaje de territorio).    


Dr. Robert Guinée, Manual de Nueva Medicina (2024).

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